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Barcelona cultura

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Radiografía de la creación teatral contemporánea en Barcelona (II): Amaranta Velarde y La Virgueria

Jue 28/04/2022 | 10:30 H

Por Andreu Gomila

En el año 2020, el Ayuntamiento de Barcelona decidió transformar los Premios Ciudad de Barcelona en una serie de becas para la creación artística. En la categoría de artes escénicas, cuarenta compañías o artistas fueron seleccionados con proyectos, algunos de los cuales han crecido hasta convertirse en espectáculos que, o bien ya se han estrenado, o bien llegarán a los teatros en los próximos meses. Hemos seleccionado algunos de estos proyectos y les hemos preguntado a sus creadores y creadoras sobre ellos y sobre cómo ven la creación artística en Barcelona en estos tiempos pandémicos. Aquí hablamos con Amaranta Velarde y La Virgueria. En un post anterior, lo hacían Atresbandes, Col·lectiu Que no Salga de Aquí y Glòria Balañà.

AMARANTA VELARDE: Desbordes

1. ¿La beca Ciudad de Barcelona te ha permitido arriesgar más?
Me ha permitido invitar a gente a trabajar conmigo y hacer un proceso previo a la producción sin pensar en resultados inmediatos ni ajustarme a las expectativas y temáticas del mercado cultural.

2. ¿Por qué has cogido el desbordamiento como tema?
El tema del desbordamiento surgió durante el confinamiento más estricto al sentir la paradoja de vivir bajo restricciones y límites severos en una situación que, a su vez, estaba totalmente fuera de control, cosa que afectó al mundo entero y era imposible de contener.
    No es que quiera hablar específicamente de la pandemia, pero sí del hecho de que muchas cosas se escapan finalmente de nuestro control, se desbordan.
    Me interesaba trasladar eso a conceptos antagónicos de contención/desbordamiento, límite/exceso a la intención física e interpretativa del bailarín. Por otra parte, me interesaba desbordar la idea de buen gusto, trabajando con la exageración y el exceso de la estética kitsch o el camp.    
    Me interesa indagar en lugares que causan rechazo, que están fuera de nuestra expectativa estética, buscando lo excesivo y lo que se considera “pasado de rosca”. Trabajar con la idea de desbordar y cuestionar la estética armoniosa y contenida que es tan habitual en la danza contemporánea.
    Me interesan los lugares ambiguos que al mismo tiempo producen rechazo y atracción, desbordando el sentido del gusto y del juicio que permiten emerger la alteridad.
    Durante el confinamiento, observé que muchos de los movimientos urbanos excéntricos surgen en periodos de mucha austeridad y represión. En los 80, con la Guerra Fría, el paro y los recortes surgió el movimiento efímero de los new romantics, que posteriormente inspiró la Movida con un derroche de exceso estético y performático. Esta necesidad de romper con los límites renace, y parece que hay un paralelismo entre esa época de los new romantics y la época actual. Antes estaba la amenaza de la Guerra Fría, ahora la COVID, los recortes y la amenaza de una posible tercera guerra mundial, lo que ha hecho volver de nuevo a este viejo bloque, haciendo convivir lo viejo y lo nuevo.

"No creo que haya un único mundo igual, así como no creo que haya una pieza para todos los públicos como se quiere hacer creer"

3. ¿Qué puede hacer el teatro para retratar el mundo?
Cada uno tiene sus estrategias para cuestionar, representar, ironizar o poetizar el mundo, y creo que cuantas más miradas haya y cuanto más aceptemos que hay muchos mundos posibles y sensibilidades diferentes, mejor. Cuanto más nos alejemos de la globalización cultural que crea etiquetas y temáticas específicas políticamente correctas sobre de qué hay que hablar, más lugares para retratar los diferentes mundos en que vivimos habrá. No creo que haya un único mundo igual, así como no creo que haya una pieza para todos los públicos como se quiere hacer creer. El público y el mundo que habita no son homogéneos.

4. ¿Cómo ves la creación teatral en Barcelona?
Me parece que sigue habiendo falta de diversidad, sobre todo en las estructuras y producciones que tienen más medios. Hay una escena digamos underground, por no llamarla escena precaria, que me parece muy estimulante con redes de gente que se ayudan entre sí. Eso es diferente de lo que he vivido en Holanda, donde la gente creaba con más medios, pero era más independiente, estaba más sola, y se generaban menos colaboraciones entre los creadores.
    Aun así, no quiero romantizar la escena, y la falta de medios hace que muchos proyectos se vayan desinflando. Creo que falta apoyo más sostenido y digno a las producciones más pequeñas y experimentales, o las llamadas artes vivas. Tampoco entiendo muy bien que aquí se las llame así, tipo nuevas dramaturgias, escenas híbridas, y se empleen todos esos términos como posmodernos en piezas teatrales o de danza que se sostienen con elementos escénicos como la escenografía, el texto y el cuerpo, con elementos dramatúrgicos simplemente actualizados al tiempo, las temáticas o las sensibilidades que vivimos. Creo que el hecho de que nos denominen escena híbrida o artes vivas / nuevas dramaturgias no me acaba de convencer, prefiero decir que hago danza o artes escénicas y ampliar el concepto de lo que se entiende por danza y teatro.

LA VIRGUERIA: El Missioner
(Responde Aleix Fauró)

1. ¿La beca Ciudad de Barcelona os ha permitido arriesgar más?
Recibir una beca como esta nos ha ayudado a Isis Martín y a mí, que coescribimos la pieza, a estar un poco más tranquilos, y supongo que eso se traduce en una mayor capacidad para arriesgar. Y más que arriesgar, nos ha permitido y nos permite concentrarnos e invertir más tiempo en el hecho artístico, en la investigación y la creación. Pero, finalmente, lo que también permite arriesgar a las creadoras es saber que lo que harás tendrá un espacio en el lugar donde vives y que se podrá mostrar tu trabajo en condiciones económicas dignas. Eso, hoy, en Barcelona, es complicado.

2.  ¿Por qué habéis escogido los videoclips para hablar del capitalismo?
Hace tiempo que le damos vueltas a la idea de hablar de la industria de la música. Más concretamente de la música mainstream, independientemente del género musical. Llegó a nuestras manos un libro que se titula La dictadura del videoclip, de Jon E. Ilescas, y fue la excusa perfecta para empezar a investigar más. El vídeo musical es el producto audiovisual más consumido por todo el mundo, con vídeos que superan los miles de millones de reproducciones. Estos videoclips, que traspasan todas las fronteras y que consumen principalmente personas menores de 30 años, cargan en sus imágenes y en sus letras muchos de los valores que el capitalismo necesita extender por todas partes, como un misionero predicando “la palabra de Dios”. Nos parece una manera atractiva de explicar todos los estereotipos y los modelos de vida que nos propone el sistema en el que vivimos.

"No existen suficientes espacios donde experimentar, no hay margen de error y la perspectiva de no poder acceder, prácticamente, a equipamientos públicos bien dotados técnicamente y con remuneraciones dignas, dirige la creación artística hacia la marginalidad"

3. ¿Qué puede hacer el teatro para retratar el mundo?
El teatro y todas las disciplinas que explican un punto de vista sobre la realidad pueden ayudar a difundir otras maneras de relacionarse, otras formas de consumir, de producir, etc. A través del teatro podemos ofrecer un punto de vista diferente en un acto vivencial, que tiene una fuerza increíble. La vivencialidad de nuestra expresión artística, del escenario, permite un grado de empatía inmenso. En La Virgueria creemos que el teatro puede ayudar a que las personas experimenten otras realidades y a sentirse representadas a aquellas que no suelen hacerlo.  

4. ¿Cómo veis la creación teatral en Barcelona?
La creación en Barcelona, desde nuestro punto de vista, está muy falta de recursos. Las instituciones no han entendido, hasta hoy, que el grueso del dinero tiene que ir a parar a las producciones, y han olvidado a menudo la creación. Sin esta es difícil que salgan nuevos artistas con lenguajes propios. Cuando la creación no tiene recursos y eso se traduce en no tener tiempo de reflexión y experimentación, acabamos trabajando sobre los mismos moldes y no generamos nada nuevo. No existen suficientes espacios donde experimentar, no hay margen de error y la perspectiva de no poder acceder, prácticamente, a equipamientos públicos bien dotados técnicamente y con remuneraciones dignas, dirige la creación artística hacia la marginalidad y hacia las “horas que sobran”. Y estas horas nunca son las más exitosas para generar absolutamente nada.
    Si nos preguntas cómo vemos la creación en Barcelona y tenemos que responder en una sola palabra, diremos “mal”. Y no porque no exista talento, energía y ganas, sino porque no existen los recursos y la gente se cansa. Y entendemos que sea así. Se necesita una inversión fuerte, y las becas que impulsó el Ayuntamiento durante la pandemia son un buen inicio, pero solo tienen que ser eso, el inicio de un cambio de tendencia que puede capitanear Barcelona, pero que debe ser responsabilidad de todas las administraciones, especialmente de la Generalitat (que hace años que da ayudas a la creación, pero resultan totalmente insuficientes). Esta tiene que hacer una mayor inversión —ahora sigue siendo ridícula— en cultura y, especialmente, en creación cultural a todos los niveles.

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