Investigación

Un museo dedicado a difundir el conocimiento sobre su entorno social necesita seguir estudiándolo continuamente. Las exposiciones y actividades a menudo son fruto de la investigación llevada a cabo por los profesionales del Museo y sus colaboradores. La continuidad de esta institución durante más de 70 años permite observar, a partir de materiales e investigaciones propias, cómo se ha transformado la sociedad.

La forma de investigación por excelencia en etnología es el trabajo de campo, y uno de los rasgos que lo singularizan frente a otras ciencias sociales es su metodología. La etnografía es la descripción de un grupo social a partir de la observación y la participación activa en su cotidianidad. Compartir la vida de las personas investigadas —socializarse buscando su complicidad— es un modo fundamental de acceder en profundidad a su realidad, a las formas en las cuales se organizan y se piensan a sí mismas.

Por lo tanto, el trabajo de campo en antropología no consiste solo en recoger materiales y datos, sino que cada interacción con los informantes forma parte de un proceso que permite generar la confianza necesaria para poder captarlos con naturalidad —sin que actúen— y que ello se vea reflejado en los materiales etnográficos, ya sean entrevistas, registros o cualquier tipo de observación.

El vínculo entre investigador e informante se convierte en mucho más que una relación solamente científica, y posee muchas implicaciones éticas. Una de estas es la de calcular la repercusión que tendrá la investigación en la realidad social investigada. Los fondos materiales y gráficos custodiados por el Museo forman parte del patrimonio de los diferentes oficios y tradiciones documentados durante décadas por los investigadores, y a menudo han supuesto un medio para preservar la memoria de las personas y de los colectivos que se dedican a ellos. Divulgar este patrimonio entre la gente que lo protagoniza y devolver esta memoria es una forma de restablecer los vínculos que habían existido en el pasado y una manera de actualizar el conocimiento que se tiene sobre sus actividades y tradiciones, sobre cómo permanecen y cómo cambian.

Esta relación, en la que las personas son al mismo tiempo la fuente de información y sus destinatarias, es aplicable a todas las colecciones del Museo. Gracias a los procesos migratorios actuales, nuestra sociedad cuenta con personas y colectivos procedentes de los mismo lugares y culturas de los que se obtuvieron las piezas que forman parte del patrimonio custodiado, y este patrimonio deviene un medio para que estos grupos de recién llegados puedan conocer y explicar sus orígenes y singularidades.